Aquí se hospedan los jóvenes turistas | Economía

No me llame albergue, llámeme hostel. Es el nombre del renovado concepto de alojamiento que se está imponiendo entre los jóvenes. Las generaciones milenial y Z quieren viajar a toda costa, pero desde la crisis ahorran en hospedaje. Buscan divertirse y conocer gente, e invierten su dinero en actividades que se lo permitan en lugar de en hoteles impersonales que les resultan caros. Y quieren mostrar sus vivencias en las redes sociales. Fiestas, conciertos, cine, cursos de cocina, clases de yoga, rutas por la ciudad, partidos de voleibol, paseos en bici… son algunas de las propuestas que ofrecen estos establecimientos con habitaciones compartidas y también dobles en los que los grandes fondos de inversión están poniendo los ojos por su elevada rentabilidad. Hace apenas unos meses que pesos pesados como BlackRock o KKR dieron alas al negocio insuflando su capital en un desembarco que los expertos opinan que no ha hecho más que empezar.
Sin haber cumplido una década de vida en España, esta reinvención de los tradicionales albergues que pasa por destinar edificios completos situados en el centro de las ciudades a la actividad, con grandes espacios de uso común; dotarlos de habitaciones de inferior capacidad (desde dobles hasta ocho personas), incorporar los baños en ellas, aire acondicionado, así como limpieza diaria, seguridad, wifi gratuito, y llenar de actividades y diseño los establecimientos, no deja de crecer y de evolucionar mucho más rápidamente que cualquier otra categoría de hospedaje, según la consultora Christie & Co., que ha elaborado un estudio para analizar este nuevo formato a la vista de su potencial de desarrollo. En la decena de ciudades de la península Ibérica donde se concentran los hostels, capitales donde el turismo está en pleno auge, conviven unos 350 establecimientos, de los cuales 222 se reparten entre Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, Sevilla, Málaga, Palma de Mallorca y San Sebastián.
Actualmente, señala Joan Bagó, analista de la firma, se cuentan más de una quincena de proyectos en desarrollo, la mayoría de dos de los operadores más importantes del mercado: Amistat Hostels, que con el apoyo de Black­Rock pretende llevar sus tres establecimientos ya operativos a cerca de una treintena en el plazo de cinco años, con una inversión de unos 300 millones de euros, y Room007, propiedad de la familia Requena, que cuenta con cinco hostels y planea pasar de 800 a 3.000 habitaciones con la ayuda del Fondo Smart del Banco Santander. Aunque no son los únicos.
De hecho, sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria como Azora o inversoras y gestoras como Excem Real Estate (familia Hatchwell) están queriendo desarrollar el negocio. La primera planea lanzar una marca especializada, y la segunda, con dos hostels en funcionamiento y tres en obras, tiene un proyecto de expansión que supondrá abrir unos 25 alojamientos en Europa en el plazo de dos o tres años y destinar unos 300 millones de euros a su marca Cats Hostels. Su apoyo financiero es el fondo de inversión KKR, que tras el acuerdo firmado el pasado julio con Excem inyectará 125 millones de euros.
“El sector de los hostels se ha convertido en un espacio muy atractivo para inversores y bancos. Para los primeros, porque ofrece una rentabilidad de un punto o punto y medio superior a la de cualquier producto hotelero e inmobiliario. Y para los bancos financiadores, porque no deja de ser un activo resistente a la crisis por el tipo de cliente y sus tarifas económicas”, explica Natalia Zang, subdirectora general de Excem Real Estate.
“Es un producto imbatible porque ofrece precios de 20 a 40 euros por cama”, apoya Xavier Batlle, director de inversiones y desarrollo de Amistat Hostels / BlackRock, lo que atrae a una clientela de entre 20 y 40 años, que está creciendo desde el auge del fenómeno low cost en la pasada crisis. El informe de Christie & Co. refleja que el 72% de los usuarios de estos alojamientos tienen menos de 40 años y que el 62% de ellos viajan entre dos y cinco veces al año. Además, 6 de cada 10 alargan sus viajes de negocios para hacer turismo. Y no solo eso. El 70% de su gasto se destina al ocio, agrega Batlle.
Ingresos
Más de la mitad de los ingresos de los hostels llegan a través de las reservas online, sobre todo desde Booking y las webs de los propios establecimientos, donde los usuarios suelen reservar solo la cama, que representa el 80% de las ventas de los hostels, en tanto que desayunos, comidas y bebidas y actividades se llevan el 20% restante.
La optimización del espacio, sostiene Bago, es la clave del éxito de los nuevos albergues, que ofrecen rentabilidades operativas brutas superiores al 50%, algo inusual en el negocio hotelero. Además, se benefician de unas ocupaciones superiores, por encima del 80%. Y de momento, indica Ignacio Requena, consejero delegado de Room007, el miedo provocado por la extensión del coronavirus no se ha dejado notar en las reservas porque los jóvenes tienen mayor tolerancia al riesgo que otros clientes. Aunque, en opinión de Natalia Zang, “acabará teniendo algún impacto”.

Cuánto cuestan y dónde están

Hay muchos alojamientos compartidos baratos en manos de empresarios independientes, sobre todo cuando son hostels básicos, y están en el punto de mira de los grandes operadores internacionales y los fondos de inversión, que buscan crecimiento por toda Europa. Hasta ahora, la mayoría de las inversiones (ya sean de establecimientos operativos, edificios y hoteles para reconvertir) se concentran en las zonas más céntricas de Barcelona, Madrid, Málaga y Sevilla. También en Londres, Oporto o Dublín. Se buscan inmuebles con capacidad para 200 o 400 camas, por las que se pagan entre 30.000 y 40.000 euros, cifra que empieza a subir, según Christie & Co., y que en otras capitales europeas llega a 80.000 euros. Se esperan rentabilidades del 6% y 7%.


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