El ‘unicornio’ de la movilidad empieza a ser rentable | Economía

Cabify dice que aspira a que la movilidad en las ciudades sea más sostenible, a que las personas ganen el espacio a los coches. Ese era el objetivo cuando nació en 2011 y lo sigue siendo en 2020, según su fundador y consejero delegado, Juan de Antonio, tras convertirse en la primera empresa del sector en ser rentable. En sus inicios tuvieron que cambiar de marcha en alguna ocasión y ahora el primer unicornio español (empresa valorada en más de 1.000 millones) busca avanzar equilibrando crecimiento y rentabilidad y apostando por la tecnología y la innovación.
Nueve años después de nacer, Cabify, presente en 11 países, con más de 1.000 empleados y una facturación de 104 millones de dólares en 2019, declaró beneficios por primera vez, aunque no netos. Concretamente, un resultado de explotación o ebitda de tres millones de dólares (2,7 millones de euros) en el último trimestre de 2019. Para el consejero delegado, esto significa que la empresa es sostenible, lo que refuerza su independencia y marca distancias con sus competidores principales, Uber y Lyft, que siguen registrando enormes pérdidas.
Para De Antonio, la razón de la buena salud de Cabify reside en el porqué y el cómo. «Queríamos que las ciudades fueran más para las personas y no tanto para los vehículos», afirma sobre la primera cuestión. En cuanto al cómo, creía que debían construir una estructura de negocio con la sostenibilidad en mente, con «la voluntad de crear una empresa que pudiese perdurar en el tiempo».
Latinoamérica
No tardaron mucho en saltar el charco. En 2012 entraron en tres países a la vez: Chile, Perú y México. Por aquel entonces, en España no conseguían trabajar en colaboración con los taxis y, dice De Antonio, solo había alrededor de 600 licencias VTC. «En Latinoamérica, la industria del taxi no estaba tan desarrollada como en Europa y eso nos permitía empujar el nivel de calidad y trabajar con ellos, lo que nos llevó a ser muy innovadores desde el inicio», dice. Con el cambio regulatorio en España pudieron regresar y hoy su actividad en el país supone alrededor del 40% del total.
Haber apostado por un crecimiento internacional orgánico —y no a base de comprar otras empresas— es para Rosario Silva, profesora de Estrategia en IE University, uno de los pilares fundamentales en la trayectoria de Cabify. «Además, creo que su crecimiento ha sido mucho más enfocado que el de, por ejemplo, Uber, que ha diversificado muchísimo. Se han centrado en intentar que su modelo de negocio principal funcione», cuenta por teléfono.
Durante los tres primeros años se esforzaron en consolidar su presencia en las principales ciudades, siendo los primeros en entrar en muchas de ellas. Pero la compañía agonizaba por momentos y buscaba capital ronda tras ronda. El propio De Antonio dice con humildad que la empresa estuvo a punto de morir en más de una ocasión. En 2014, el fondo español Seaya Ventures les dio oxígeno en forma de 5,5 millones de dólares. En la actualidad, el fondo de capital de riesgo español es uno de los principales inversores de la empresa, con el 10%, junto al japonés Rakuten, que tiene el 40%, y los empleados, que controlan el 25%.
En 2018, tras una ronda de financiación en la que captó 160 millones de dólares, su valoración llegó a los 1.400 millones y Cabify se convirtió en el primer unicornio español. Ahora, tras haber entrado en rentabilidad operativa, los planes de la compañía siguen orbitando los valores con los que se fundó y a los que el directivo vuelve una y otra vez. «Recientemente, hemos añadido nuevas opciones y seguiremos profundizando en ellas. El objetivo es que un día tengas en un único punto todas tus opciones de movilidad. También exploraremos modelos de suscripción», relata.
La posición de Cabify en el futuro pasará, según Alberto de Torres, director académico de ESIC, por afianzar sus alternativas de movilidad. «Si no evolucionas hacia un operador integral y te quedas solo en las VTC, tendrás difícil crecer cuando la movilidad global domine. En este sentido creo que Cabify está dando los pasos correctos. Además, está muy saneada financieramente», dice el profesor.
Para De Antonio, son fundamentales el desarrollo de tecnología y la innovación, a lo que el año pasado Cabify destinó más de un 10% de sus ingresos netos declarados. Están experimentando con la movilidad en entornos rurales y entre sus deseos está materializar su apuesta por los vehículos eléctricos en España. «Creemos que hay mucho crecimiento por delante. Y queremos equilibrarlo con la rentabilidad», cuenta.
En el último año se ha especulado mucho con la salida a Bolsa. «Puede que para otra empresa sea una cuestión de vida o muerte, pero nosotros, siendo rentables, tenemos la oportunidad de ver qué tiene más sentido». Dice que cuando llegue el momento «ya se verá», pero que si se decantan por ese camino les gustaría hacerlo en España. Cabify, al igual que Uber, ha provocado los enfrentamientos con el sector del taxi. En este conflicto con diferentes bandos y armas tenía dos frentes abiertos: la regulación y las acusaciones de tener una fiscalidad opaca.
La empresa tiene su matriz en Delaware, un Estado de EE UU que no figura en listas de paraísos fiscales, pero que ofrece enormes ventajas tributarias. Encantado de hablar del tema, De Antonio responde con un tajante «no» a la pregunta de si esto les beneficia fiscalmente. «Las sociedades que tenemos en los diferentes países cuelgan de un holding en España. Por encima de España solo hay accionistas aglutinados en Delaware porque su ley de sociedades es la que mejor funciona», asevera.

La polémica de Delaware

El núcleo de negocio de Cabify es la aplicación en la que se conecta a usuarios con diferentes empresas y opciones de transporte. En los últimos años el grupo empresarial ha entrado en otras empresas, como las motos y patinetes eléctricos Movo y de VTC. En 2011 se estableció en Delaware, dice su fundador, porque todo el capital que consiguieron atraer era estadounidense. Dice que permanece allí por una cuestión práctica, ya que les facilita la «gestión de los inversores». Insiste en que todos sus ingresos se declaran en España, que pagan los impuestos que les corresponden y que no hay ningún beneficio fiscal que se les pueda aplicar a ellos ni a los inversores.


Source link